domingo, 28 de mayo de 2017

Publicado el día domingo, 28 de mayo de 2017

A medida que transcurre el tiempo se puede apreciar cómo vamos perdiendo nuestra identidad, nuestras costumbres y tradiciones. 

Aún es posible ver en nuestros campos a sus habitantes vestidos de huaso, no como parte de un grupo de folclor, sino como parte de una forma de vida; no sucede lo mismo con el traje típico de la dama, que ya de típico poco o nada le queda. A diferencia del varón nunca vamos a encontrar una mujer de campo vestida de esa forma en su vida cotidiana. 

El vestido clásico se ha deformado y hoy podemos ver a una mezcla de traje de campo con gitana y altiplánico; están usando una especie de refajos similar a los que usan las bailarinas de La Tirana, un falso que aumenta el volumen de la pollera, y algunas incluso utilizan un armazón metálico, similar a lo que usaban las damas de la aristocracia colonial, con la diferencia que el traje de las damas del folclor es de china, es decir de la mujer del campesino, de la mujer humilde que por cierto no tenía cómo acceder a un vestido de esa categoría y solo usaba una pintora simple de un género barato y sin accesorios de los ya mencionados.






En cuanto a la representación de vestimentas, existe una especie de mezclas incongruentes que no puedo entender cual es el objetivo de ello; unos muchachos que llevan un chaleco sin mangas, que si se usaba en el pasado ya no es parte del vestuario campesino, pero como tradición me parece bien, lo que me no calza es que estos mismos personajes lleven zapatillas como calzado en lugar de ojotas o zapatos.

Del mismo modo, resulta curioso al salir a la calle llevando un accesorio como un sombrero, algunos llevan uno de corte australiano de cuero, otros el típico gorro de beisbolista, un sombrero tipo explorador Indiana Jones, otros llevan un cucalón de corcho tipo explorador, entre otros, y a nadie le llama la atención, ni tampoco le parece extraño; pero basta solo que use un sombrero de huaso para que todo el mundo te mire como bicho raro, más de alguno te dirá un chiste, "ya llegó el 18, donde dejaste el caballo" etc.


La cueca aún se mantiene en su sitial, aunque a nuestras autoridades, con algunas excepciones, parece incomodarles demasiado cuando les corresponde bailar en público, y ni siquiera con eso se preocupan de tomar algunas lecciones que les ayuden a enfrentar el caso de manera más honrosa. Recordemos que hoy en día lo que se hace en cada lugar se da a conocer rápidamente por las redes sociales.


Y ya que tocamos nuestro baile nacional, es cada día más común ver a jovencitas "bailar" sin pañuelo, con pantalones, desplazándose con sus manos en las caderas haciendo una especie de ritual que parece algo así como baile de una diablada, o un baile tropical, cualquier cosa, pero cueca NO es. Lo más patético es ver que las damas de los grupos de cueca y folclóricos están adoptando este mismo jueguito, dejando su pañuelo colgado en la cintura de su vestido mientras efectúan este extraño paso que no se que quiere representar.

He tenido la oportunidad de ver presentaciones de grupos de folclor donde hacen un show en que una bailarina supuestamente representa una mujer campesina, vestida con ropas que poco tienen que ver con el campo, con ciertos modales provocativos, insinuando no haberse bañado, con aromas poco agradables, sus bailes muy grotescos, rallando en lo ordinario que poco tienen que ver con el comportamiento de una señora campesina, que al bailar cueca mantienen una actitud muy serena, muy de dama, muy digna. La dama campesina posee la picardía, la espontaneidad, la alegría, entre muchas de sus cualidades, pero no es una mujer ordinaria ni vulgar.

En cuanto a los vocablos propios de nuestra lengua, a veces escuchar a los conductores de la televisión me parece estar en otro país, escucho expresiones tales como el berrinche, cojones, huevos, pompas, bubys, lolas, chichys, entre otras. Me da la impresión que estas personas no se atreven a usar el vocablo o chilenismo que corresponde y se ocultan en uno extranjero que significa lo mismo pero puede sonar mas elegante o menos provocativo.






En los canales de televisión estamos como esas antiguas tribus del amazonas donde tener a un hombre blanco cautivo les daba un cierto estatus; en cada programa debe tener un extranjero. Un tiempo fueron los mexicanos, cubanos, peruanos, y hoy en día da igual. Es verdad esa canción que dice que queremos en Chile al amigo cuando es forastero. Puede que no tengan mayores conocimientos o títulos, pero están ahí aún cuando su aporte no sea tan significativo, e incluso algunos se dan el lujo de criticar a nuestro país, pero no están dispuestos a retornar al propio.


Que curioso que hoy en día en que estamos invadidos de inmigrantes, nosotros adoptemos sus modismos y no al revés. Es ahí donde surge nuevamente nuestra falta de identidad, cuando un compatriota vive un mes, o menos de un año en otro país regresa hablando con el acento y todos los modismos posibles del país en cuestión, es decir se siente mucho más a gusto y mucho mas orgulloso en ese ámbito que con la cultura de su propia patria. En cambio he conocido extranjeros que han vivido veinte años en nuestro país y jamás han adoptado nuestra manera de hablar y nunca han cambiado su acento original.

Se puede dar múltiples ejemplos en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, pero en cuanto a lo que representa nuestras más arraigadas tradiciones creo que tenemos que resguardar nuestro patrimonio cultural con mayor celo y cuidado.




Iván Arriagada González
Reportero en Terreno
Curepto Online







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